Estoy a una semana y media de convertirme en curadora. Me siento muy emocionada. Miguel ha podido ver cómo me han entusiasmado mis proyectos y cuánto empeño he invertido en ellos. Así que ha llegado la hora de montar, por fin, mi primer exposicioncita. La artista es Karina Kano, mi prima y la exposición se llama Transgresión de lo ordinario.
Exponemos el próximo 28 de abril en el salón 17 de la Universidad del Claustro de Sor Juana.
Ojalá puedan acompañarnos. Si quieren saber un poco más, visiten mi página (¡Ya tengo página!). Y de paso me dan su opinión.
“En sus orígenes, la muñeca no era una cosa en sí misma, sino una representación. Mucho antes de las primeras muñecas y muñequitos negros de trapo, el ser humano había hecho también muñecas como retratos de niños y adultos determinados. Siempre era un error dejar que otros poseyeran el muñeco de ti mismo; quien tenía tu muñeco tenía una parte esencial de ti. La expresión máxima de esa idea era, naturalmente, la muñeca de vudú, a la que se podía clavar alfileres para herir al representado, la muñeca cuyo cuello podrías retorcer para matar a un ser humano, a distancia, con la misma eficacia con que un cocinero musulmán se ocupa de los pollos. Luego vino la producción en maza y el lazo entre el hombre y la muñeca se rompió; las muñecas se convirtieron en clones en sí mismas. Se convirtieron en reproducciones, versiones de cadena de montaje, sin carácter, uniformes. En la actualidad, todo eso estaba cambiando de nuevo.
Pero ahora mujeres de carne y hueso querían ser como muñecas, cruzar la línea divisoria y parecer juguetes.”
Salman Rushdie
El 7 de enero salió una nota en los periódicos australianos sobre un caso muy especial. Se trataba de una investigación policíaca sobre un hombre cuyo crimen era haber abusado sexualmente de varias muñecas inflables. El hombre entraba a las sex-shops y las violaba y luego sencillamente las dejaba tiradas en callejones. Uno puede simplemente botarse de la risa, pero la cosa es bastante seria, hay demasiadas cosas en juego.
Esto lo encontré porque estaba haciendo una investigación sobre mi proyecto curatorial que va a tratar precisamente sobre eso: objetos que quieren adquirir el carácter de humanos. ¿Por qué nos afecta que suplantemos a las mujeres con muñecas? Lo que hay ahí es una interpretación de lo real muy extraña. Baudrillard llamaba a estos fenómenos “simulacros”. Lo real ya no es lo que es, sino su simulación, su imagen. Vivimos en un mundo pararreal, donde lo artificial es lo nuevo real. Desde luego que violar a una mujer es terrible, pero violar a una muñeca es aún peor, no porque prefiera que se violen mujeres, sino porque ya la diferencia entre ambas es muy tenue.
Mucho tiempo me he sentido escandalizada, y de algún modo también fascinada, por temas como esos: la cosificación del hombre y la humanización de las cosas. Por eso los cortos de Animatrix me gustan tanto, especialmente las dos partes de The Second Renaissance. Ahí el drama es que uno comienza a sentir lástima y hasta empatía por los robots que están tratando de defenderse de los ataques de los humanos. La escena donde jalonean, golpean, desnudan y matan a la robot que grita “I’m real” es realmente fuerte e increíblemente perturbadora.
¿Qué nos sucede?, ¿Por qué el mundo que construimos para nosotros, para usarlo y habitarlo, se nos está saliendo de control?, ¿Por qué adquiere vida propia? Quizá no son las interpretaciones que les damos a las cosas las que están cambiando, sino la interpretación que le damos a los hombres. Es decir, si creíamos que el hombre es el único que tenía raciocinio, pues una computadora, un robot, o un chimpancé te pueden sorprender haciendo cosas que uno no podría. Si el hombre es el único capaz de hacer arte o expresar, vean a los elefantes pintar, a los robots bailar o a los perros mover la cola (Eduardo Nicol me mataría si leyera esto). Si somos los que tenemos conciencia de la finitud, vean a los caballos o a lo elefantes, otra vez. La verdad es que no sabemos lo que somos. Quizá tenga que ver con la experiencia de lo divino, que según a ningún otro ente le es posible; el problema es que en estos tiempos tampoco a muchos hombres les es accesible.
La verdad es que hay miles y millones de cosas que no son cosas, que son más. Nadie tiraría una foto de su cartera, muchos defenderíamos Teotihuacan si lo quisieran tirar para poner un centro comercial, yo no vendería mis libros nunca, algunos juntamos piedritas, también hay quienes guardan objetos que les pertenecieron a sus ancestros, quienes se ponen boobies y otros se echan mujeres inflables. La verdad es que cada vez me cuesta más trabajo distinguir entre estas experiencias. Con eso de la abolición de la dicotomía sujeto-objeto todo sujeto puede ser objeto y todo objeto es también posiblemente un sujeto. Esa es la experiencia más aterradora de la posmodernidad. Y todos los días me pega fuerte en la cara.
April 10th,2009
filosofía |
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El viernes pasado fui a ver la exposición de los 50 años de Barbie en el Franz Mayer. Mi interés era meramente museográfico, es decir, según yo iba a ver cómo estaba montada la exposición, pero salí de ahí super feliz y recordando mi niñez. Y es que, aún cuando quiera ver esos tiempos como parte de mi educación machista de la cual reniego, tengo que admitir que las Barbies sí eran mis juguetes favoritos y yo moría por tener la camper, la Barbie tal o cual, la ropita nueva, la casa no sé qué, el comedor, los sillones, las camitas, el Ken no sé qué tanto. Crecí con Barbies al igual que mis primas y mis amigas.
Llegué a la exposición y ví todo de rosa (odio el rosa) y la primer Barbie en salir al mercado en el 59 te recibe con un traje de baño a rayas. Luego te sorprendes de la cantidad de Barbies de colección que hay: la Barbie y Ken vestidos de Romeo y Julieta, la Barbie Minerva, la Barbie reina Elizabeth, la Barbie vestida de los 20’s, de los 30’s, de los 40’s, la Barbie chica Bond, Barbie y Ken como los locos Adams y los Monsters, las de diferentes regiones: mexicana, chilena, africana, parisina, apache, etc., las que visten modelos de diseñadores famosos, etc., etc., etc., sin contar las que todos recordamos: la Barbie doctora, la Barbie con sus rockers (yo la tenía, con todo y escenario donde cantaba), la tenista, etc.
Con todo y que ya sabía que vería una exposición bastante banal, la verdad es que me sentí bastante interpelada emotivamente. Había varias Barbies que yo tuve y que había olvidado, había una que siempre quise y no tuve (la del cabello largo hasta el piso). Un poco me sentí como niña otra vez, me entusiasmé, aunque también me hizo darme cuenta de cuánto tiempo ha pasado, de lo vieja que estoy: las que yo tuve ¡¡¡¡¡¡¡¡eran de 1985!!!!!!!
Es la única exposición en mi vida donde los que más disfrutan son los niños, bueno, las niñas. Todos toman fotos y se emocionan porque nos es muy cercana. Barbie tiene un poco de nosotras, es definitivamente un ícono de muchas generaciones. Quizá hicieron falta muchas más Barbies de las “comunes y corrientes”, más Kens, más objetos (sólo había un piano, un comedor y un Ferrari) y más espacio. Con todo, he de confesar que sí me gustó. Vayan a verla y díganme si les pasó lo mismo.
En mi vida, la mayoría de las experiencias han sido intempestivas. Decidí estudiar filosofía cuando no tenía la madurez para dedicarme a ello a profundidad, me salí de mi casa sin trabajo y sin dinero, me llegó el amor cuando aún no tenía nada para mi misma, tuve un hijo cuando no sabía cómo transmitir interpretaciones positivas del mundo. No me estoy quejando, más bien estoy haciendo un recuento de las cosas con y por las cuales he luchado. Nada ha sido fácil. Y ahora nuevamente me ha llegado algo que quiero vivir y por lo cual luchar. He descubierto lo que quiero hacer, sé que lo haría bien, sé que me apasiona; pero me llega en un momento en el que necesito un empleo convencional, de medio tiempo, para poder ganar dinero. Y aunque trato de encontrar algo que tenga que ver con mis nuevas intenciones profesionales, pues nada más no llega nada. La mejor opción es trabajar de manera independiente, pero así pueden pasar meses sin que ingrese nada a mi cuentita, aunque yo sea muy feliz.
¿Qué hace uno en estos casos? No quiero pasar otros cuatro años de mi vida dando clases de algo que no me gusta, sin disfrutar lo que hago, haciéndolo sólo porque tengo que hacerlo. Yo quiero vivir. Quiero más. Mi nuevo reto es la curaduría, y aunque tengo 2 proyectos redactados y otros dos dándome vueltas en la cabeza, eso también me causa mucha inquietud. A veces siento que necesito estudiar ochenta mil horas, otras veces siento que no, que ya es hora de empezar a gestionar mis proyectos; pero creo que todo tiene que ver con esa inseguridad e incertidumbre que siempre me ha aquejado: me da miedo emprender algo sin estar completamente segura de que funcionará. Y aunque siempre termino por hacerlo y pocas veces me ha salido mal, no dejo de sentirme así. Y ahora es más grave, porque si no funcionan mis proyectos no sólo estoy poniendo en juego una posibilidad de mi vida, sino la de mi familia que necesita más ingresos.
Por otro lado siento que nunca en la vida he tenido tanta emoción por algo, nunca había tenido insomnio por pensar en algo que puedo hacer, por crear en mi mente imágenes de exposiciones con sentido, por desarrollar ideas locas. Y es que siento que esta nueva profesión me da muchas más posibilidades de decir cosas, de plantear problemas filosóficos, de abrir espacios mentales, de denunciar, de investigar, etc. Todavía falta ver qué tan buena soy convenciendo a los directores de museos y galerías, y por otro lado están los patrocinios que también son otra piedra angular de mi trabajo, pero el resultado a mí se me antoja super gratificante. En este momento no hay nada más que yo quiera hacer en mi vida (excepto criar a mi niño y amar a mi esposo, claro). En este momento, a pesar de todo, me siento llena de entusiasmo (¡Benditos griegos!) y de angustia. Nimodo, eso es lo que pasa cuando uno vive con intensidad.
El lunes pasado tuve la fortuna de ir al concierto de Radiohead en el Foro Sol. Hacía como 10 años que esperaba ese concierto. He de confesar que no soy una fan modelo, aunque es mi grupo favorito desde que iba en la prepa: no me sé todas las canciones, creo que ni los nombres de todas, pero sí puedo decir que tengo todos los discos (incluído el In Rainbows que bajé desde su página de internet a $10 dólares) e incluso soy una de las 5 personas de este país que conoce a alguien que los vio en su gira del 94 por algunos barecitos y pueblitos de México (los que fueron seguro son otros 5).
El grupo que les abrió se llama Kraftwerk, y creo que yo conocía una o dos canciones, pero estaba de flojera al principio, tanto que hasta mi flaco se durmió un ratito. Era una mezcla como de Daft Punk, con Moby y Ramstein… jaja. Había rumores de que abriría Sigur Ros, pero no.
Después de mucho esperar por fin salieron a tocar. Mi flaco dice que ha ido a mejores conciertos, pero yo sólo puedo decir que confirmé y reconfirmé mi gran aprecio por su música. Simplemente son los mejores. Cada canción es perfecta, no le falta ni le sobra nada. Cada canción llega a un punto de ti mismo que no sabes que existe. Más aún, el sonido era increíble, impecable. Nunca había ido a un concierto con tan buen sonido, y ni siquiera necesitaron de una gran superproducción para dar un buen concierto. No había buenas imágenes en las pantallas, pero igual la iluminación estaba muy chida.
Lo único que podría criticárseles es la ausencia de canciones viejitas. De sus primeros dos discos sólo tocaron Creep (obvio), y The Bends. Ni siquiera tocaron High and Dry, que es de las más famosas. Pero pensándolo mejor, así como dieron el concierto, una canción de las viejitas chocaba mucho. Sus primeras canciones no tienen nada que ver con el Radiohead de hoy, no suenan a ellos, no se saborean igual. Entonces esa no es crítica.
La verdadera crítica y lástima fue cuando - y NADIE de los que fueron me va a dejar mentir - le dieron en la torre a una de sus mejores canciones: Exit Music (for a Film). Y es que es una canción que empieza lento y de pronto llega a un clímax super intenso, pero no pudieron llegar a la katharsis. Resulta que Thom Yorke estaba cantando muy inspirado cuando, primero, creo que el guitarrista entró como 1 minuto antes… jaja, luego Thom quiso componerla y se equivocó en la letra, y luego ya el colmo fue cuando estaban a punto de llegar a lo bueno y que la caga el baterista. Al menos así recuerdo yo que pasaron las cosas, pero ahí tengo el video en mi celular para corroborarlo después. Entonces Thom que se enoja y ya no la tocaron. Es increíble. Le digo a Miguel que es como estar a punto de venirte y que entra tu mamá a tu recámara… jaja. Realmente es mala suerte que los estés esperando durante décadas y les pasa esto… no lo podía creer.
De todas maneras salí feliz y queriéndolos con locura.
March 18th,2009
música |
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“Hacia el año 2010, tendremos por lo menos un premio Nobel de literatura que no habrá publicado todavía un solo libro. Todos los sueños de los autores de poesía concreta y el libro no-lineal de Marshall Mc Luhan se realizarán muy baratos… La literatura narrativa, los poemas, las epopeyas y los comics se fusionarán. Asistiremos al nacimiento de la literatura sin libros y del poema sin papel… Podremos poseer todos los libros de la Biblioteca Pública de Nueva York y, durante nuestro tiempo de ocio, tendremos el hábito de leer de forma arbitraria… por ejemplo: en qué se distingue la gramática bengalí de 1853 de la primera gramática ouzbeck, aparecida… digamos… en 1957 en Rusia… Cuando hagamos un largometraje acabará de diversas maneras y los lectores podrán seleccionar su propio final… Sobre la pantalla veremos luces perpetuamente parpadeantes… También nos podríamos preguntar ¿tendremos verdadera necesidad de toda esta información?”
Nam June Paik, 1977.
March 11th,2009
Arte |
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Esta semana fui a cuatro museos y me encontré con sorpresas muy agradables. Para empezar, parece que por fin terminó mi mala racha, porque las dos semanas anteriores tuve un intento fallido de entrar al Rufino Tamayo (mejor me fui al MAM a ver Zurcidos Invisibles), dos intentos fallidos para entrar al MUCA, otros dos intentos fallidos para entrar a la Galería 13 y la Galería OMR (en todos los casos estaban cerrados, y eso que siempre fui en horario de servicio). Por ese motivo, cuando vi que me abrían las puertas del Rufino Tamayo me sentí bastante aliviada.
Ahí se están exhibiendo 3 exposiciones. La de Tierra Espiritual es una cosa rarísima. Como el museo tiene la consigna de hacer exposiciones recurrentes de su acervo permanente, pues tienen que ingeniárselas para tratar de darle coherencia a una obra tan divergente. Hay textiles junto a un Dubuffet, junto a un Magritte, junto a fotografías de Jeff Wall (no me acuerdo si eran de él, pero era un fotógrafo famoso), junto a Tamayos, todo en paredes de color como… entre sepia y gris. No me gustó nada. En otra sala se exhibe a Liliana Porter y, aunque ésta también fue curada por Tobías Ostrander, es una cosa totalmente distinta. La exposición se llama Línea de tiempo y, obviamente, se trata de una reflexión sobre la temporalidad percibida de distintos modos. Por ejemplo, había una instalación donde hay un círculo en la pared, y sobre él un dibujo de una mano que dibuja ese círculo, pero la mano fue colocada después del círculo, o sea que fue primero lo dibujado y luego la mano que lo dibuja. Otra obra en el mismo tono es la de un pingüino que es colocado en una repisa, y en detrás de él una foto del pingüino roto. Pero el pingüino de la repisa está íntegro y sin señales de haber sido reconstruido. Es como si viéramos el futuro en un medio que normalmente se usa para recordar al pasado, o tal vez es el pasado el que se nos presenta como presente. Es un juego muy interesante, y uso ‘juego’ de manera consciente, porque su obra no es para nada una reflexión sobre lo perdido y lo angustiante del tiempo humano, al contrario, toda su obra es lúdica, y en cierto sentido cómica. Le gustan los juguetes y les da vida en sus videos, su animismo es conmovedor. Los juguetes bailan, se caen, se enamoran, tocan música, se interpelan unos a otros, comen, miran al espejo, mueren. Realmente me pareció increíble. Se las super recomiendo. En el mismo museo hay otra exposición que también intenta hacer una reflexión sobre el tiempo, pero en otro tono completamente. Se llama Crónocas de la Ausencia y es de los fotógrafos Oscar Muñoz y Rosângela Rennò, quienes sí quieren presentar la tragedia de lo perdido, de lo irrecuperable de la memoria, de lo engañosas que son nuestras técnicas mnemotécnicas. Esta muestra tiene instalación, fotografía, video, etc. También la recomiendo, sobre todo por lo contrastante que es con la de Liliana Porter.
También fui al museo Franz Mayer, pero no tengo mucho que comentar, sino que está de flojera. Está tan atiborrado de cosas que ni siquiera las aprecias. Lo único que sí hay que decir es que a partir del martes podremos ver ahí la exposición de los 50 años de Barbie. Habrá que ir a verla.
Luego fui a ver la exposición La invención de lo cotidiano en el MUNAL. Sin temor a equivocarme, es la mejor exposición que he visto en mi vida. Lo increíble es que el curador no se haya hecho mérito poniendo su nombre en la presentación de la exposición, ni en el catálogo ni nada, sino hasta el final en la lista de colaboradores. Es una exposición inspirada en el libro del mismo nombre del filósofo francés Michel de Certeau. El caso es que junta obras viejísimas con modernas y contemporáneas, que van desde el siglo XVII hasta nuestros días. Pero no es una exposición cronológica, sino, yo diría, dialógica. Las pinturas antiguas juegan con fotografías modernas, dialogan con ellas, se miran entre sí, se sonríen, se sugieren unas a otras. Hay, además, instalación, fotografía, video, escultura, etc. La exposición intenta mostrar diversas maneras de interpretar lo cotidiano y cómo lo cotidiano puede ser contradictorio, pero a la vez integrarse en un mismo lugar. Como decía un griego: Soy humano y nada de lo humano me es ajeno. Muestra cómo toda la realidad es una interpretación de la misma, cómo hasta la naturaleza se puede ver como paisaje y como adorno. Muestra cómo es posible que todo coexista y que, aunque sea distinto, nunca lo es de manera radical. Muestra cómo la alteridad es mismidad, cómo es lo mismo un rapero que una indígena que un marine; cómo un sacerdote puede ser lo mismo que un cráneo amenazante, cómo el hambre puede representarse en un bodegón y en una instalación con un chicharrón, pero hay diferencias… Y aunque no quieran interpretar esta exposición de este modo, seguro les va a gustar por estar bien ‘loca’. Vayan a verla. Yo quiero ir otra vez, pero entre semana para poder fotografiarla sin gente.
Por último quiero contar que hoy fui a ver a Fernando Ortega en el MUCA. La última vez que yo fui al museo de mi universidad quedé super complacida por la exposición (creo que el título era simplemente Arte contemporáneo). Esta vez me quedé muy desanimada. La obra es muy interesante, Fernando Ortega muestra muchas maneras de hacer música, y la relega del ámbito exclusivamente humano. Sin embargo, parece como si los museógrafos la hubieran puesto con hueva, sin ganas. Dos de las obras ni siquiera estaban, aunque sí estaba su cédula técnica. El Volvo estaba estacionado de modo que no podías circularlo, siendo una pieza importante. El expacio era demasiado grande y no podías hacer interrelaciones entre las obras. La verdad es que varias obras si estaban, para ser honesta, lejos de mi comprensión, como el snorkel o la viga de madera. Otras me gustaron mucho más, como el andamio en el que te trepas y te hace sentir una gran inseguridad porque hasta cimbra, y al final hay una postal de la Quebrada en Acapulco. Otra que me gustó fue la de las diapositivas que se sincronizaron para presentar a destiempo una parte de una batería, como si ‘vieras’ la música que se está tocando, es decir, algo así como tarola-tumb-platillo, platillo-platillo, tarola, etc. En fin, creo que el lugar para presentar esa exposición no era el adecuado, se veía bastante raro. Me dio también tristeza porque no hay nada de gente, a pesar de que Fernando Ortega es famoso.
Hay muchas otras cosas que quiero ver, así que espero poder ver por lo menos otros dos museos esta semana. Ya les contaré.
Soy feliz como una lombriz…
No se preocupen, no voy a escribir en inglés como Miguel. No sé expresar mi sentimiento de… no sé… confusión, un poco de asco, un poco de emoción y sorpresa que me da el averigual lo que es el Kindle. ¿Lo han visto? Es una cosa padrísima que podría cambiar el rumbo de la industria editorial para siempre, del mismo modo que lo hizo la iPod con la industria de la música (ya hay quienes lo comparan). Kindle es un aparatito muy lindo, debo admitir, que ahora en su segunda versión tiene capacidad para, según recuerdo, unos 1500 libros electrónicos, acceso ilimitado a Wikipedia, acceso a no sé cuántos periódicos y revistas y blogs del mundo, y además le puedes cargar PDFs y archivos de Word. Se puede leer tan claro como una hoja de papel y no necesitas conexión a internet, me parece. Hay, incluso, la posibilidad de intercambiar contenido de texto con tus amigos los Kindleros. Y todo esto por sólo $359 dólares.
Me quedé como en Shock. Steve Jobs dice que no importa, que no va a ser exitoso porque la gente ya no lee, entonces qué más da que inventen aparatitos. Lo que no dice es que el Kindle también tiene opción de audio, para que “escuhes” tus libros en lugar de leerlos.
Para mí es un invento muy importante. Igual y no entré en shock con la iPod porque de por sí ya tenía tiempo de no comprar discos físicamente, y sólo fue como algo natural el paso a la música intangible. Supongo que también es un paso natural éste del Kindle, pero a mi me preocupa. Se ve como buena opción para mí, ya que entre mis planes es cambiarme de país y mi preocupación más grande es no poder llevarme mis libros (lo digo en serio, prefiero dejar mi ropa, mis poquitos muebles y hasta los juguetes de Tristán, que mis amados libros). También suena ecológico, ya no tendremos que destruir tantos árboles para imprimir textos. De todos modos me da escozor que un libro se convierta en eso… en un archivo, en algo intercambiable. Se siente como si la distancia que nos separa a los hombres del conocimiento se ensanchara, como si poco a poco el saber se convirtiera en algo “chic”, en algo fashion. ¿Qué pasará con los libros-objeto? Yo tengo varios libros que son bellos en sí mismos, que se disfruta tocar, ver, leer. No sólo hay libros de arte hermosos, sino de muchas otras cosas, como literatura, filosofía y hasta ciencia ficción. Yo no me imagino a Miguel leyendo su amado Silmarillion en un aparatito así, en blanco y negro (creo que todo es en blanco y negro). Yo tengo libros que ni siquiera puedo subrayar porque temo dañarlos.
Hay miles de cosas de tecnología que me han sorprendido e indignado, pero casi ninguna me ha afectado directamente a mi. Cuando yo escriba cosas, quisiera que la gente me leyera en papel. De alguna manera el papel es la prueba de que existes, de que no te desvaneces en el aire, como decía Marshall Berman cuando hablaba de la posmodernidad. Es como si el nuevo anhelo del hombre fuera ese, el de desaparecer. El dinero desaparece, se convierte en tarjetitas, ya no está. La música ya no está en discos. El internet es una cosa increíble, abstractísima (siempre digo que el Internet es como Dios, nadie sabe qué es o dónde está, pero funciona; el ciberespacio es como el reino de los cielos, nadie lo ve, pero opera). Y ahora los libros… ¿qué nos pasará a las personas en el futuro? ¿Seremos hologramas, como en la película de Wall-e?
¿Alguien de ustedes tiene uno?
February 26th,2009
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