No sé qué me dio ahora por leer poesía. Este es uno de los poemas más fresas de Georges Bataille, pero me encanta.
Corifea
¡Oh, desventura! la sangre brota de mis senos, mi garganta se abre a la muerte con un fatal ronroneo… Entrego mi vida a las sonrisas socarronas del placer: en el olor embriagador del dinero. Deja que una última atadura ciña a tus riñones el vestido pegajoso de la muerte.
Freud tenía demasiadas ideas locas en su cabecita, pero en especial hay un concepto que siempre me impresionó: el malestar en la cultura. Sin meterme con el eros y el tánatos, de manera natural todos tenemos deseos de hacer cosas que no podemos porque nos estorba la cultura, porque vivimos en el ámbito de lo público y social y muchas veces tenemos que subsumir nuestras inclinaciones, especialmente las que tienen que ver con hacer daño. Muchas veces, simplemente porque no puedes controlar esos deseos, te puedes convertir en un loco, pervertido, maniático, psicópata o sencillamente infantil, pero en todo caso representas un peligro para el orden arbitrario que se llama sociedad.
Dejando de lado mi discurso cuasi-iusnaturalista, lo que de veras tenía ganas de escribir es una lista de esos deseos que he reprimido, pero que siguen latentes en mi vida pulsional:
- Pegar un chicle masticado en la raíz de la china cabellera de una niña que me cae mal… ah cómo he soñado con eso… jajaja
- Aventarme un bodysurfing en un concierto. Nunca he visto algo así en México, pero seguro ha de sentirse increíble aventarte desde un escenario hacia la masa, pero obviamente si ésta no se hace a un lado y te recibe.
- Darle un mega llegue al coche de lujo que se te mete sólo porque tú traes carcacha vieja y él tiene mucho varo. Casi a diario tengo que reprimirme, pero principalmente porque viajo con mi chamaquito.
- Bailar y cantar frente al espejo Crazy de Aerosmith. Si no le he hecho es porque primero, no tengo un espejo lo suficientemente grande y, segundo, porque mi depa es pequeño y mi voz inolvidable: de seguro los vecinos no me verían con respeto nunca más. Si de por sí no sé cómo me dejé convencer una vez de cantar la de los Senos de hombre en un karaoke: nunca fui la misma desde entonces.
- Aprender a andar en bici. Me da demasiada vergüenza admitir que no sé, pero más vergüenza me daría salir al parque a aprender a mis casi 28 años.
- Raparme mi cabecita. Siempre he tenido ganas, pero si de por sí no soy muy agraciada, pelona voy a parecer cancerosa y peor. No no…
- Darle un abrazo al pachoncito Doctor Simi.
- Meterme a una alberca de pelotas. Obviamente lo hice en mi niñez, pero desde que tengo como 15 años se me antoja un buen hacerlo de nuevo. Seguro se siente riquísimo.
Creo que ya con esas son suficientes. Todo lo demás que se me ocurre no puede ser publicado… jaja. Eso si, contrario a lo que los hombres piensan, las mujeres no tenemos deseos ni de hacer pipí en el campo o en la calle, ni de tener un pene. Al menos no en mi caso. Lamento decepcionarlos.
Lo que no estoy segura ahora que lo pienso es si cambiaría en algo mi vida llevando estos deseos a su realización, es decir, probablemente me provocarían un placer momentáneo, pero seguro no me harían la vida más llevadera. ¿Ustedes qué creen? ¿También tienen deseos oscuros y macabros?
29 de junio es el día. Espero no morir de ansiedad.
Ayer fuimos al concierto de Metallica. No hay más que decir. Quizá sólo un gran ¡¡¡WOW!!!, pero aún así es difícil describir esa perdida de sí enmedio de la masa: 60000 almas cantando al unísono. Nunca había ido a un concierto así.
Ir a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM puede convertirse en muchos tipos de experiencia, la mayoría determinados por prejuicios alentados por los mismos universitarios: “Facultad de Filosofía y Piernas”, de “Filosofía y Hierbas”, etc. Lo cierto es que, en mi caso, y a pesar de que durante mis estudios ahí no hice casi amistades con nadie, y sufrí durante esa etapa las peores cosas de mi vida, le tengo un profundo cariño. Los baños horrendos que de tanto en tanto remodelan y que sin embargo siguen estando en mal estado, la biblioteca que nunca tiene los libros que buscas, los de servicios escolares que se nota que en años no han sonreído, los compañeros pseudointelectuales que por sólo estar ahí creen que pertenecen a la estirpe de los sabios, los maestros impuntuales, etc. fueron suficientes para que yo nunca terminara de tener un sentimiento de pertenencia, pero no para que a la distancia no sea capaz de apreciar lo que aprendí ahí como lo más importante de mi vida. 10 pesos eran la diferencia entre comer y no comer, a veces tenías que decidir si comprarte una maruchan o sacarle copias a un libro. Podías pasarte la tarde entera en las Islas leyendo o con-bebiendo. Podías irte caminando a cualquier otra facultad a ver una peli. Podías asistir a 50 mil conferencias magistrales gratuitas con super intelectuales de todo el mundo. Podías estudiar otro idioma en el CELE por sólo 2 pesos.
Ahora que estoy de salida empiezo a sentir nostalgia por estas cosas, aún cuando en esas épocas lo único que quería era irme, a donde fuera, a otro planeta si era posible. Siempre recordaré a Ricardo Horneffer afirmando con vehemencia “HAY MÁS SER DESDE QUE HAY LOGOS” y citando de memoria a Nicol y a Heidegger; a Gerardo de la Fuente postulando a la “ñañara” como categoría estética y usando saco con playera polo, pants y botas vaqueras al mismo tiempo; a Francisco Mancera con su somnífera voz hablando del “principio del placer” de Freud; a Elisabetta di Castro jalándose los cabellos porque en su clase de ontología nadia sabía lo que ésta es… jajaja; y sobre todo a Descartes, cuyas Meditaciones Metafísicas habré leído unas diez veces durante toda la carrera.
En fin, sólo quería decir que ahora, a la distancia, duele más lo que ocurre ahí. Esta semana asesinaron a un narcomenudista (uno de los 50 000 que hay en la facultad) y desde entonces ya no es posible el comercio informal afuera de Filos. Esto ha generado caos a los que yo ya no estaba acostumbrada. Hoy fui varias veces y en la mañana había un meeting en el aeropuerto de la fac donde los ambulantes aseguraban que les estaban negando el derecho a la vida, y estoy citando literal… reprimiéndoles el derecho a la vida… orale. Media hora después había unas 200 personas afuera de la dirección, me parece que tratando de entrar y, evidentemente, obstruyendo el paso con el único propósito de “ejercer presión”. Para cuando regresé en la tarde ya no había paso en el circuito universitario, sólo podías entrar a pie a la facultad. Había varios vochitos de Auxilio UNAM supuestamente conteniendo la situación, pero ya los habían envuelto en la cinta amarilla que se usó para aislar la zona del crimen, los habían llenado con estampitas de propaganda y ridiculizado vilmente. Salí de filos como a las 7 y, para entonces, ya corrían rumores de que mañana será tomada por completo la gloriosa Facultad de Filosofía y Letras por los comerciantes inconformes que ni son estudiantes y ni influyen en ellos más que para venderles babosada y media.
No sé si en un tiempo pasado cuando era ruda y quería ser guerrillera del EZLN hubiera apoyado esto, pero el día de hoy, al escucharlos, sentí un discurso tan vacío, tan sin sentido, que hasta pena ajena me dio. Seguramente ya se están uniendo con los de Atenco y los no sé qué redes campesinas, barzonistas y no sé qué más organizaciones dizque sociales. ¿Y para qué? Seguramente, si es que no los dejan ponerse ahí, van a encontrar lugar abajo de la Central o en otro lugar y vendiendo sus calzoncitos y sus CDs piratas y sus churritos. No se van a quedar sin chamba, pero lo que molesta es que tengan que hacer todo esto como si su causa fuera la causa de toda la comunidad de la facultad. Dudo mucho que así lo sea. Incluso las pobres señoras chiapanecas que iban a vender sus hermosas artesanías tenían cara de sacadas de onda, no estaban echando argüende con los demás. Yo creo que a ellas sí les están dando en la torre y son las que menos voz tienen porque no se atreven a cerrar una calle o a intervenir un vocho. Ellas sólo se preguntan qué está pasando.
Nunca juzgué de manera negativa a nadie de mi facultad. Nunca creí que unos eran más listos que otros. Nunca dije que estuviera bien o mal que hubiera ambulantes y chavos fumando mota afuera de la central. Yo creo que cada quien su vida, pero cuando friegan a la comunidad no puedo quedarme callada. Hoy no pude llegar a la fac en coche, tuve que irme a uno público y caminar… bueno, eso lo tolero, pero si mañana cierran la facultad me atrasaré todo el fin de semana en la corrección de mi tesis y mis trámites se retrasarán varios días, lo que pone en peligro que yo me titule este semestre. ¿Eso no es negarme mi derecho a ser filósofa? ¿Quién tiene más derecho?
Hoy fui al MAM en un intento fallido por recorrer todas las exposiciones. Sólo pude ver 4 de 5… era demasiado. Otra vez se exhibe a una surrealista, como si el MAM fuera exclusivo de ellos y como si todavía estuvieran de moda. La artista se llama Alice Rahon y su obra está linda… y ya. También hay otra exposición de Yishai Jusidman que tampoco me fascinó, aunque está buena. La exposición que me encantó fue Presuntos Culpables que tiene como hilo conductor la vida en las cárceles mexicanas, y la justicia en nuestro país en general. Había de todo: fotografías (las mejores son las de Patricia Aridjis y las de Pericles Lavat, que por cierto es maestro de arte de mi prima Karina), videos (entrevistas a mujeres presas y un documental sobre las injusticias del sistema jurídico mexicano), objetos (Teresa Margolles y su famoso cuchillo, otros objetos confeccionados en la cárcel, etc.) y sobre todo instalaciones. Éstas últimas eran sumamente fuertes. impactantes, pero también conmovedoras, como es el caso de los Intercambios de José Antonio Vega Macoleta, quien fue a la cárcel y les propuso a los reos realizar acciones en su nombre afuera de la prisión siempre que éstos le sirvieran como soporte a él para sus obras. Por ejemplo, un reo le recogió las colillas de cigarrillos y las clasificó a cambio de que el artista fuera a ver a visitar a su amante, y así otras 364 acciones más.
Santiago Sierra, por otro lado, hizo una caja negra de 3 x 3 mts. en la cual te metes durante el tiempo que te marque un dadito, el cual va desde los 30 min. hasta 4 hrs. Dentro de la caja no puedes tener ninguna de tus pertenencias, ni dinero, ni celular, ni mp3 ni nada, tratando de que llegues a sentir por algunos minutos lo que los reos viven a diario. A mi me tocó estar una hora, pero la verdad tengo que confesar que pedí que me sacaran a los 20 min. porque no tenía tanto tiempo y además me moría de frío. Sin embargo, fue suficiente para confrontarme a mí misma con mis reacciones. Lo primero que hice fue sentarme en la silla, luego caminé en la oscuridad tratando de acostumbrarme, luego llegué a la puerta y me puse a escuchar una conversación a través de ella y me dio risa, luego me volví a sentar y me puse a pensar y a pensar en cosas y cuando me dí cuenta ya había pasado un ratote y ya me salí. No me dio miedo ni claustrofobia ni nada, más bien lo que te mata es el aburrimiento.

Recomiendo mucho esta exposición, aunque ahorita el MAM le está apostando a otras cosas, pero es bueno que también le de espacios al arte contemporáneo y a los artistas vivos.
June 2nd,2009
Arte |
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¿Qué demonios trae todo mundo contra el paso del tiempo? ¿Por qué todos a mi alrededor están obsesionados contra la idea de volverse rucos y finalmente señores? De verdad es muy sintomático, ni siquiera sentía tanta histeria cuando mi generación estaba por cumplir 20. El caso es que ahora, todos cerca de los 30, o nos da por querer sentirnos jóvenes todavía y hacer “cosas de jóvenes” a la fuerza cuando ya ni nos queda, o de plano nos tiramos al bote de los avejentados sin remedio y nos enclaustramos en nuestras casas a ver telenovelas y planchar. Lo cierto es que, al menos en mi caso, la cosa se me complica bastante. Miguel y yo disfrutamos haciendo muchas cosas, algunas de las cuales no podemos hacer tan seguido por el Tris, pero mi punto es que creo que no chocheamos todavía… jaja, es decir, vamos a conciertos, al cine cuando podemos, a restaurantes por lo menos dos veces a la semana, a CU a tirarnos sobre el pasto, a museos, bebemos mucho alcohol (más que cuando éramos novios, creo), vemos a nuestros amigos muy seguido, etc., como cualquier otro “chavo” (aunque creo que la frase anterior revela precisamente la condición contraria… jaja). El problema es que también tenemos que hacer otras cosas que la gente jóven no hace y que requiere de gran energía, como ir al super, hacer de comer, lavar la ropa, subir a tender y subir a bajar la ropa antes de que llueva, planchar, barrer, trapear, atender a tu hijo (con tooooodo lo que eso conlleva), etc. Combinar las dos cosas es una friega, pero quizá sea precisamente eso lo que nos permite no tener crisis de 30 años. Conozco mucha gente -pero mucha-, que está cumpliendo 30 y se da de topes por razones que, según mi parecer, se pueden reducir a sólo dos: o les da pena seguir viviendo en casita con sus papis y no tienen chance de salirse, o sienten la presión social de casarse y tener hijos. No es que sean demasiado grandes para seguir haciendo cosas de chavos, sino que quizá les falta un poco de la otra parte, la de adultos maduros. A mi me da risa porque en algunos círculos apenas menciono que tengo un hijo y ya me miran distinto, como ñora; pero en otros pasa exactamente lo contrario, me ven como una chamaca babosa que no sabe ni sacarle los mocos a su chilpayate. Creo que en general yo me siento bastante bien. Algunas veces pienso que debí haber hecho tal o cual cosa antes de tener al Tris, pero también creo que ese tipo de esperas se pueden volver eternas y ya cuando estés lista tu cuerpo no lo estará. No conozco a nadie de mi edad que se muera por un hijo, más bien se morirían con uno y eso yo creo que a la larga va a tener consecuencias negativas. Todo mundo se queja, pero realmente nadie te dice que tener un niño te hace fuerte, te hace madurar, y también te da más seguridad en ti. Yo percibo que hay una idea muy arraigada en nuestra cultura actual acerca del papel de las madres: hay que agradecer a las madres porque lo dan TODO por los hijos. Esa perspectiva, más que ayudarnos, nos ha dado en la torre, porque la mayoría creen que las madres no pueden hacer otra cosa más que atender a sus hijos, y si trabajan lo hacen por ellos, y si no lo hacen sólo se dedican a ellos. ¡Qué flojera! Por eso las mujeres no quieren tener hijos, creen que van a pasar de Fulana o Sutana a “la mamá de Pedrito”. La única cosa negativa - y eso desde un punto de vista vanidoso- que yo he experimentado desde que soy madre es que los hombres ya no voltean a verme… jajaja. En general yo siento que desde que tengo al Tris soy más feliz, y no sólo porque sea un niño increíble que todos los días me asombre, sino porque valoro cada minuto de mi día que me dedico a mí misma y no puedo darme el lujo de echar la flojera: he leído mucho, estudiado y aprendido de muchas cosas y encontrado pasiones nuevas; y aunque paso mis días corriendo de aquí para allá, me siento muy bien con quien soy. No me siento ni más vieja ni más jóven.
Mi consejo para los que se sienten unos chamacos a los 30: si no pueden irse de sus casitas, por lo menos lávense y plánchense su ropita y háganse su comidita. Valorarán más a sus madres y les dará más valor para irse a vivir sus vidas. jaja!
Pero… ahora que recuerdo… todavía me faltan dos años para cumplir 30… YUPI!!!!!
Después de semana y media super ajetreadas puedo sentarme a disfrutar mi desayuno y escribir este post. Es muy extraño que todo se haya dado al mismo tiempo: la expo, la tesis, mi hijo, la investigación en la que colaboro… La cosa es que me la pasé trabaje y trabaje, pero también festeje y festeje. No sé cómo sobreviví, pero finalmente todo salió (y sigue saliendo) muy bien.
Mi exposición fue una experiencia que me gustó bastante. Ya sabía yo que a la mera hora pocos integrantes de mi equipo museográfico iban a ayudarme, así que sólo la montamos unas 6 o 7 personas. Hubo cosas que salieron mal, como que después de dos horas de estar trabajando en la intervención nos la echaran para abajo - literalmente - pues nos la quitaron de la pared y sólo nos dejaron el piso; también una de las cédulas estaba mal; no terminamos de montar a la hora convenida e inauguramos hasta las 7:30, con unas fotos colgadas un poco chuecas, etc., pero aún así me dejó un buen sabor de boca. A Karina le gustó, a mi también. Hubo algunas cosas que podíamos resolver mejor con unas horas más de tiempo, pero en general creo que para ser mi primer intento, pues sí aguantó. De hecho hubo pocos comentarios en contra y la mayoría comentaban acerca de la obra y no de la curaduría, lo cual me hace pensar que hice bien mi chamba.
También he estado bien ocupada con eso de los trámites de mi tesis, incluso el mero día de la expo andaba yo en CU en la mañana platicando con un profe. Tengo mucha incertidumbre al respecto, pero igual trato de pensar en otras cosas. Si todo sale bien, pronto seré oficialmente licenciada.
Para colmo fue cumpleaños de mi niño Tris y yo quería hacerle una fiestota. Desde cuándo andaba yo con eso, pero se me pasaba el tiempo y ni hacía nada, así que la pobre de mi madre fue la que organizó casi todo. Hasta se enojó porque le dí más prioridad a la expo… jaja. El viernes, toda cruda y muerta de cansancio, me fui temprano a Satélite a prepararle su fiesta y hasta me quedé a dormir allá. El sábado me regresé tempranísimo (por cierto es impresionante que el tráfico es horrible hasta en sábado a las 8 de la mañana) y fue otro rollo por acá. Miguel manejó como 5 horas o más porque hizo dos vueltas de aquí a Satélite, pero en fin. Eso también salió bien y el chiquis estuvo contento.
Luego el domingo más festejo con los amigos, el lunes otro pastel para Tris, el martes la fiesta en su escuela y en la noche cenar en La Posta para celebrar mi expo… y finalmente hoy descanso un poco, aunque mi casa está hecha un desastre y no hay ni qué comer. Hasta Tris está cansado, hoy ni siquiera se quiso levantar para ir al kinder. Creo que necesitamos como otra semana para reponernos de todo esto, pero al parecer las pachangas siguen, porque hoy es cumpleaños de Ko y van a celabrar hoy, el viernes y el sábado. Ya hasta me duele la espalda, los brazos y las piernas. Nimodo, lo bailado nadie me lo quita, aunque mínimo hubiera bajado unos cuantos kilitos.
Después de mucho sufrir, darme de topes y fregar a la gente, al fin me dieron nueva fecha para la exposición de Karina Kano en el Claustro de Sor Juana: jueves 21 de Mayo. El salón será otro también, al parecer mucho mejor: el 9. Mis carteles e invitaciones ya valieron gorro. Nimodo. Ya quiero que ocurra, estoy exhausta tanto física como mental y emocionalmente. Insisto, así es esto de vivir la vida. A ver si ahora sí ya empiezo a hablar de otra cosa.
Como todos saben, vivimos entre un virus raro que mata. Ya mi exposición quedó pospuesta hasta quién sabe cuándo. Los museos, zoológicos, cines, iglesias, etc. cerraron sus puertas. Parece que sólo queda quedarte en tu casita a ver en la tele cómo dan noticias cuasi-apocalípticas sobre la situación. Uno se siente como víctima de una irracionalidad incontenible que te da de pronto y no puedes hacer nada. Mi amiga Ale dice muy bien, según mi opinión, que es el virus del “ensimismamiento continuo”, el que te hace alejarte del otro porque en él puedes hallar tu propia muerte. Es como si de pronto nos hubiera pegado el absurdo en la cara, no teníamos suficientes absurdos. Te piden que te laves las manos con jabón antibacterial cuando lo que estamos tratando de alejar es un virus, no una bacteria. Te dicen los síntomas y luego a mi mamá, que no tenía ninguno de ellos más que la fiebre, le diagnostican la dichosa influenza. La mitad de la gente no cree que sea tan grave y cree que el gobierno está tratando de crear una cortina de humo sobre otra cosa. La otra mitad cree que es gravísimo y que, ya por estornudar, se va a morir y que el gobierno está mintiendo y ya van cientos de muertos. Miguel se toma la temperatura a cada rato (jaja). Todos hablan de eso, nadie de otra cosa. Y eso que los medios no querían crear pánico… como dice Miguel: ya van a empezar a aparecer zombies en la calle que nos quieren comer.
Yo me rehúso a vivir así. Una vida con miedo no merece la pena ser vivida. Yo beso y abrazo a mi hijo y a mi esposo. Yo invito a mis amigos a la casa igual que siempre. Nadie ha dicho que no tenga cura. Si te da, pues vas al doctor y que te cure y ya. ¿Por qué todos se vuelven locos? Conozco a gente que salió luego luego a comprar antibióticos… ¿pues qué no es un virus? Y luego dicen que la vacuna que se pusieron los niños y los ancianos no sirve… ¿entonces por qué ellos no se han enfermado? De veras no entiendo cómo la gente no ve la cantidad de absurdos en que vivimos. ¿Por qué querríamos vivir con máscaras todo el tiempo? ¿Por qué no mejor tomarlo con ligereza y ser felices? Yo, la verdad, no estoy preocupada. De tantos millones de habitantes de la ciudad de México que somos, sólo se han muerto (oficialmente) veinte.
Pues nimodo. Así es esto de vivir en el mundo. La verdadera muerte es alejarte del mundo. Como decía Jodorowsky (sólo parafraseo):
“Y cuando quedó un sólo hombre en el mundo, éste descubrió que era inmortal, porque la muerte sólo existe en la mirada del otro.”