¿Qué onda con mis demonios internos?

Justo ahora ando tomando un seminario en el MUAC donde analizamos conceptos bien chidos, como el de lo ominoso y lo gótico, temas precisamente de mi última sesión. El caso es que me vinieron como anillo al dedo porque justo tuve una experiencia de esa naturaleza. El miércoles pasado aproveché que mi Triquis ya está debidamente inscrito en la escuela para lanzarme a conocer el Ex-Teresa. La verdad es que nunca antes había ido, y yo sabía que justo ahí habían vivido varios artistas de la escena mexicana de los 80’s y sobre todo los 90’s (Francis Alÿs, Melanie Smith y otros) y habían llevado a cabo exposiciones y proyectos bien importantes e interesantes. Resultó no ser precisamente ese lugar, sino más bien esa calle. El Ex-Teresa fue en otro tiempo una iglesia barroca, y ahora un museo-galería de arte contemporáneo donde actualmente se exhibe la obra del artista salvadoreño Ronald Morán.

No sabría decir con exactitud hace cuánto tiempo tengo sensaciones ominosas en varias iglesias y catedrales. No en todas, pero si en casi todas las que son muy viejas. No soporto la presencia de los santos, mucho menos si se pretenden muy realistas, con cabello, ropa y todo. Aún menos soporto la presencia de los Cristos que cargan cruces o los que mantienen en vitrinas acostados con el costado sangrante. Puedo tolerar la mayoría de los crucifijos, pero algunos realmente me resultan siniestros. Incluso nos costó algo de trabajo elegir la iglesia donde me casé con Miguel, porque cualquier opción estaba 100% supeditada a la sensación que me provocara y no nos pudimos casar en Coyoacán porque no fui capaz siquiera de entrar a la Iglesia principal… ya desde las oficinas sentía yo esa sensación pesada, como angustiante, agobiante.

Cuento esto porque en el Ex-Teresa tuve una sensación bien fuerte. Al entrar se siente algo pesado el ambiente, pero es soportable. La sala donde empieza la exposición está poco iluminada porque la obra principal - el laberinto - trata de hacerte sentir un poco angustiado y si quedas atrapado pues igual y hasta te da claustrofobia. Eso no fue lo malo, en realidad hasta ahí estaba padre porque era experiencia artística, pero en cuanto salí de esa sala comenzó el verdadero tormento. Hay que entrar en lo que ahora es otra sala, pero que anteriormente fue la parte de la iglesia donde estaba el altar principal, y donde hay todavía restos de pinturas antiguas y uno que otro angelito. Entre ahí e inmediatamente sentí que se me contraía el estómago. No había ningún guía ni guardia, nadie a quien preguntarle cómo salir de ahí. Me habían dicho anteriormente que fuera hacia la izquierda y la única puerta abierta parecía conducir a un jardín que no se veía como la continuación del recorrido, así que fui hacia la derecha y me topé con un patio también cerrado. Me estaba ahogando. Me comenzaron a dar náuseas. Nunca había sentido eso con tanta fuerza, quería gritar, quería correr, quería llorar, quería salir de ahí ya.  Al final salí por la primera puerta que vi abierta y me salí casi corriendo.

No sé realmente si Freud me daría una respuesta a eso. En Lo Ominoso, él plantea que estos casos se deben a repeticiones, a retornos de lo antiguo no superados. Esto se puede dar en dos niveles, a nivel individual y a nivel humanidad. Realmente no creo que mi sensación tenga que ver con nada individual porque nunca me ha pasado nada en una iglesia, nunca me inculcaron nada en contra de los santos ni tengo recuerdo de ninguna experiencia negativa al respecto. Sin embargo, puede que sí se trate de un regreso al pasado de los tiempos donde los hombres le atribuían propiedades mágicas a las cosas y a sus propios pensamientos, es decir, puede ser un regreso al animismo. ¿Y eso qué?  Por mucho que tenga razón a ese respecto, no logro comprender cómo es que me ocurre precisamente en las iglesias y por qué ese tipo de animismo me provoca una experiencia ominosa y no algún otro, como llevar la foto de mi abuelo en la cartera, o tocar el muñeco vudú cubano que tiene mi abuela.

La verdad es que sí me preocupa porque siento que con el tiempo estas sensaciones se van agudizando. Además no conozco a ninguna otra persona que le ocurra lo mismo, incluso la gente siempre me dice que tengo al diablo adentro y por eso siento eso. Los creyentes, por el contrario, sienten gran paz y tranquilidad cuando entran a iglesias. Yo siento exactamente al revés, me siento indefensa, como si entrara en una nave espacial y los extraterrestres me estuvieran observando… o peor.  Ese día me duró la sensación largo tiempo y las náuseas no se me quitaron hasta en la noche. Ojalá no le haya afectado a mi bebé.

Comments (3)

Heinrich LinkeveichtAugust 28th, 2009 at 1:14 pm

Interesante… yo lo que siento en la iglesia es una apremiante necesidad de salir de ahí, tal vez no por las mismas razones que tú, creo que soy más mundano, las iglesias me dan mucha güeva, así, con g, pues es mayor que la normalita y me hace pensar en un montón de cosas relacionadas con mi (des)orientación religiosa.

Lo que sí hizo que casi se me cayeran los calzones fue el último enunciado de tu post… si mal no me equivoco habrá pronto un nuevo Cobá en la familia…

alineAugust 28th, 2009 at 3:04 pm

Pues si, en general también me da flojera. Eso es archisabido, pero hasta cierto punto racional. El sentido de mi post era expresar esa sensación que en realidad nada tiene que ver con mi antipatía por la religión católica, sino con algo bien visceral e irracional. En fin.
Y si… Tris ya va a tener un hermanito, ¿cómo ves?
Saludos

Heinrich LinkeveichtSeptember 4th, 2009 at 7:32 pm

Oye, pues muchas felicidades. Me saludas al señor Cobá

Leave a comment

Your comment