Lo que me falta por hacer
Freud tenía demasiadas ideas locas en su cabecita, pero en especial hay un concepto que siempre me impresionó: el malestar en la cultura. Sin meterme con el eros y el tánatos, de manera natural todos tenemos deseos de hacer cosas que no podemos porque nos estorba la cultura, porque vivimos en el ámbito de lo público y social y muchas veces tenemos que subsumir nuestras inclinaciones, especialmente las que tienen que ver con hacer daño. Muchas veces, simplemente porque no puedes controlar esos deseos, te puedes convertir en un loco, pervertido, maniático, psicópata o sencillamente infantil, pero en todo caso representas un peligro para el orden arbitrario que se llama sociedad.
Dejando de lado mi discurso cuasi-iusnaturalista, lo que de veras tenía ganas de escribir es una lista de esos deseos que he reprimido, pero que siguen latentes en mi vida pulsional:
- Pegar un chicle masticado en la raíz de la china cabellera de una niña que me cae mal… ah cómo he soñado con eso… jajaja
- Aventarme un bodysurfing en un concierto. Nunca he visto algo así en México, pero seguro ha de sentirse increíble aventarte desde un escenario hacia la masa, pero obviamente si ésta no se hace a un lado y te recibe.
- Darle un mega llegue al coche de lujo que se te mete sólo porque tú traes carcacha vieja y él tiene mucho varo. Casi a diario tengo que reprimirme, pero principalmente porque viajo con mi chamaquito.
- Bailar y cantar frente al espejo Crazy de Aerosmith. Si no le he hecho es porque primero, no tengo un espejo lo suficientemente grande y, segundo, porque mi depa es pequeño y mi voz inolvidable: de seguro los vecinos no me verían con respeto nunca más. Si de por sí no sé cómo me dejé convencer una vez de cantar la de los Senos de hombre en un karaoke: nunca fui la misma desde entonces.
- Aprender a andar en bici. Me da demasiada vergüenza admitir que no sé, pero más vergüenza me daría salir al parque a aprender a mis casi 28 años.
- Raparme mi cabecita. Siempre he tenido ganas, pero si de por sí no soy muy agraciada, pelona voy a parecer cancerosa y peor. No no…
- Darle un abrazo al pachoncito Doctor Simi.
- Meterme a una alberca de pelotas. Obviamente lo hice en mi niñez, pero desde que tengo como 15 años se me antoja un buen hacerlo de nuevo. Seguro se siente riquísimo.
Creo que ya con esas son suficientes. Todo lo demás que se me ocurre no puede ser publicado… jaja. Eso si, contrario a lo que los hombres piensan, las mujeres no tenemos deseos ni de hacer pipí en el campo o en la calle, ni de tener un pene. Al menos no en mi caso. Lamento decepcionarlos.
Lo que no estoy segura ahora que lo pienso es si cambiaría en algo mi vida llevando estos deseos a su realización, es decir, probablemente me provocarían un placer momentáneo, pero seguro no me harían la vida más llevadera. ¿Ustedes qué creen? ¿También tienen deseos oscuros y macabros?

El chicle en los pelos. Un clásico. La versión light es hacerlo con un pedacito de plastilina. En cuanto a los senos de hombre, ¿Te refieres a “Qué bello” de la Sonora de Margarita?
Rápate, en caliente. Un día estaba viendo “Sabrina la bruja adolescente”, un episodio en el que la amiga de Sabrina se corta el pelo y andaba medio deprimida (tenía una cabellera rizada espléndida, tipo Felicity). Total que Sabrina le dio un consejo que en principio parece medio tonto, pero que terminé aplicando en un montón de cosas: El pelo crece
Jaja! Apoco ya no te acuerdas de mi inolvidable intervención de karaoke?? Yo me acuerdo que tú cantaste “Como quien pierde una estrella” super chido y si no hubiera sido por eso, seguro los vecinos nos vienen a callar.
Ahhhh! Olvidé algo súper importante que me falta por hacer: agarrarme a madrazos con alguna vieja jija… jajaja. Nunca lo he hecho, y una vez estuve a punto, pero la tipa medía como 15 cm. más que yo y pesaba como 20 más, además de tener una notable experiencia en el asunto. Recuerdo que fue porque quería cantar (era bastante exhibicionista) y le apagué el ampli en una fiesta… jaja. Sí me dio miedito, pero luego pensé que lo hubiera hecho… ahora ya soy madre y tengo que dar buen ejemplo, aunque ganas no me han faltado en numerosas ocasiones.