Hombres-cosa
El 7 de enero salió una nota en los periódicos australianos sobre un caso muy especial. Se trataba de una investigación policíaca sobre un hombre cuyo crimen era haber abusado sexualmente de varias muñecas inflables. El hombre entraba a las sex-shops y las violaba y luego sencillamente las dejaba tiradas en callejones. Uno puede simplemente botarse de la risa, pero la cosa es bastante seria, hay demasiadas cosas en juego.
Esto lo encontré porque estaba haciendo una investigación sobre mi proyecto curatorial que va a tratar precisamente sobre eso: objetos que quieren adquirir el carácter de humanos. ¿Por qué nos afecta que suplantemos a las mujeres con muñecas? Lo que hay ahí es una interpretación de lo real muy extraña. Baudrillard llamaba a estos fenómenos “simulacros”. Lo real ya no es lo que es, sino su simulación, su imagen. Vivimos en un mundo pararreal, donde lo artificial es lo nuevo real. Desde luego que violar a una mujer es terrible, pero violar a una muñeca es aún peor, no porque prefiera que se violen mujeres, sino porque ya la diferencia entre ambas es muy tenue.
Mucho tiempo me he sentido escandalizada, y de algún modo también fascinada, por temas como esos: la cosificación del hombre y la humanización de las cosas. Por eso los cortos de Animatrix me gustan tanto, especialmente las dos partes de The Second Renaissance. Ahí el drama es que uno comienza a sentir lástima y hasta empatía por los robots que están tratando de defenderse de los ataques de los humanos. La escena donde jalonean, golpean, desnudan y matan a la robot que grita “I’m real” es realmente fuerte e increíblemente perturbadora.
¿Qué nos sucede?, ¿Por qué el mundo que construimos para nosotros, para usarlo y habitarlo, se nos está saliendo de control?, ¿Por qué adquiere vida propia? Quizá no son las interpretaciones que les damos a las cosas las que están cambiando, sino la interpretación que le damos a los hombres. Es decir, si creíamos que el hombre es el único que tenía raciocinio, pues una computadora, un robot, o un chimpancé te pueden sorprender haciendo cosas que uno no podría. Si el hombre es el único capaz de hacer arte o expresar, vean a los elefantes pintar, a los robots bailar o a los perros mover la cola (Eduardo Nicol me mataría si leyera esto). Si somos los que tenemos conciencia de la finitud, vean a los caballos o a lo elefantes, otra vez. La verdad es que no sabemos lo que somos. Quizá tenga que ver con la experiencia de lo divino, que según a ningún otro ente le es posible; el problema es que en estos tiempos tampoco a muchos hombres les es accesible.
La verdad es que hay miles y millones de cosas que no son cosas, que son más. Nadie tiraría una foto de su cartera, muchos defenderíamos Teotihuacan si lo quisieran tirar para poner un centro comercial, yo no vendería mis libros nunca, algunos juntamos piedritas, también hay quienes guardan objetos que les pertenecieron a sus ancestros, quienes se ponen boobies y otros se echan mujeres inflables. La verdad es que cada vez me cuesta más trabajo distinguir entre estas experiencias. Con eso de la abolición de la dicotomía sujeto-objeto todo sujeto puede ser objeto y todo objeto es también posiblemente un sujeto. Esa es la experiencia más aterradora de la posmodernidad. Y todos los días me pega fuerte en la cara.

[...] “Con eso de la abolición de la dicotomía sujeto-objeto todo sujeto puede ser objeto y todo objeto e…“ This entry was posted on Friday, April 10th, 2009 at 5:58 pm . You can follow any [...]
http://www.centrequimsoler.cat/portada.html
Y, además, resulta que Miguel Cobá tiene unos gustos e intereses similares a los mios
Ahi nos…