Incertidumbre
En mi vida, la mayoría de las experiencias han sido intempestivas. Decidí estudiar filosofía cuando no tenía la madurez para dedicarme a ello a profundidad, me salí de mi casa sin trabajo y sin dinero, me llegó el amor cuando aún no tenía nada para mi misma, tuve un hijo cuando no sabía cómo transmitir interpretaciones positivas del mundo. No me estoy quejando, más bien estoy haciendo un recuento de las cosas con y por las cuales he luchado. Nada ha sido fácil. Y ahora nuevamente me ha llegado algo que quiero vivir y por lo cual luchar. He descubierto lo que quiero hacer, sé que lo haría bien, sé que me apasiona; pero me llega en un momento en el que necesito un empleo convencional, de medio tiempo, para poder ganar dinero. Y aunque trato de encontrar algo que tenga que ver con mis nuevas intenciones profesionales, pues nada más no llega nada. La mejor opción es trabajar de manera independiente, pero así pueden pasar meses sin que ingrese nada a mi cuentita, aunque yo sea muy feliz.
¿Qué hace uno en estos casos? No quiero pasar otros cuatro años de mi vida dando clases de algo que no me gusta, sin disfrutar lo que hago, haciéndolo sólo porque tengo que hacerlo. Yo quiero vivir. Quiero más. Mi nuevo reto es la curaduría, y aunque tengo 2 proyectos redactados y otros dos dándome vueltas en la cabeza, eso también me causa mucha inquietud. A veces siento que necesito estudiar ochenta mil horas, otras veces siento que no, que ya es hora de empezar a gestionar mis proyectos; pero creo que todo tiene que ver con esa inseguridad e incertidumbre que siempre me ha aquejado: me da miedo emprender algo sin estar completamente segura de que funcionará. Y aunque siempre termino por hacerlo y pocas veces me ha salido mal, no dejo de sentirme así. Y ahora es más grave, porque si no funcionan mis proyectos no sólo estoy poniendo en juego una posibilidad de mi vida, sino la de mi familia que necesita más ingresos.
Por otro lado siento que nunca en la vida he tenido tanta emoción por algo, nunca había tenido insomnio por pensar en algo que puedo hacer, por crear en mi mente imágenes de exposiciones con sentido, por desarrollar ideas locas. Y es que siento que esta nueva profesión me da muchas más posibilidades de decir cosas, de plantear problemas filosóficos, de abrir espacios mentales, de denunciar, de investigar, etc. Todavía falta ver qué tan buena soy convenciendo a los directores de museos y galerías, y por otro lado están los patrocinios que también son otra piedra angular de mi trabajo, pero el resultado a mí se me antoja super gratificante. En este momento no hay nada más que yo quiera hacer en mi vida (excepto criar a mi niño y amar a mi esposo, claro). En este momento, a pesar de todo, me siento llena de entusiasmo (¡Benditos griegos!) y de angustia. Nimodo, eso es lo que pasa cuando uno vive con intensidad.
