Exposiciones increíbles
Esta semana fui a cuatro museos y me encontré con sorpresas muy agradables. Para empezar, parece que por fin terminó mi mala racha, porque las dos semanas anteriores tuve un intento fallido de entrar al Rufino Tamayo (mejor me fui al MAM a ver Zurcidos Invisibles), dos intentos fallidos para entrar al MUCA, otros dos intentos fallidos para entrar a la Galería 13 y la Galería OMR (en todos los casos estaban cerrados, y eso que siempre fui en horario de servicio). Por ese motivo, cuando vi que me abrían las puertas del Rufino Tamayo me sentí bastante aliviada.
Ahí se están exhibiendo 3 exposiciones. La de Tierra Espiritual es una cosa rarísima. Como el museo tiene la consigna de hacer exposiciones recurrentes de su acervo permanente, pues tienen que ingeniárselas para tratar de darle coherencia a una obra tan divergente. Hay textiles junto a un Dubuffet, junto a un Magritte, junto a fotografías de Jeff Wall (no me acuerdo si eran de él, pero era un fotógrafo famoso), junto a Tamayos, todo en paredes de color como… entre sepia y gris. No me gustó nada. En otra sala se exhibe a Liliana Porter y, aunque ésta también fue curada por Tobías Ostrander, es una cosa totalmente distinta. La exposición se llama Línea de tiempo y, obviamente, se trata de una reflexión sobre la temporalidad percibida de distintos modos. Por ejemplo, había una instalación donde hay un círculo en la pared, y sobre él un dibujo de una mano que dibuja ese círculo, pero la mano fue colocada después del círculo, o sea que fue primero lo dibujado y luego la mano que lo dibuja. Otra obra en el mismo tono es la de un pingüino que es colocado en una repisa, y en detrás de él una foto del pingüino roto. Pero el pingüino de la repisa está íntegro y sin señales de haber sido reconstruido. Es como si viéramos el futuro en un medio que normalmente se usa para recordar al pasado, o tal vez es el pasado el que se nos presenta como presente. Es un juego muy interesante, y uso ‘juego’ de manera consciente, porque su obra no es para nada una reflexión sobre lo perdido y lo angustiante del tiempo humano, al contrario, toda su obra es lúdica, y en cierto sentido cómica. Le gustan los juguetes y les da vida en sus videos, su animismo es conmovedor. Los juguetes bailan, se caen, se enamoran, tocan música, se interpelan unos a otros, comen, miran al espejo, mueren. Realmente me pareció increíble. Se las super recomiendo. En el mismo museo hay otra exposición que también intenta hacer una reflexión sobre el tiempo, pero en otro tono completamente. Se llama Crónocas de la Ausencia y es de los fotógrafos Oscar Muñoz y Rosângela Rennò, quienes sí quieren presentar la tragedia de lo perdido, de lo irrecuperable de la memoria, de lo engañosas que son nuestras técnicas mnemotécnicas. Esta muestra tiene instalación, fotografía, video, etc. También la recomiendo, sobre todo por lo contrastante que es con la de Liliana Porter.
También fui al museo Franz Mayer, pero no tengo mucho que comentar, sino que está de flojera. Está tan atiborrado de cosas que ni siquiera las aprecias. Lo único que sí hay que decir es que a partir del martes podremos ver ahí la exposición de los 50 años de Barbie. Habrá que ir a verla.
Luego fui a ver la exposición La invención de lo cotidiano en el MUNAL. Sin temor a equivocarme, es la mejor exposición que he visto en mi vida. Lo increíble es que el curador no se haya hecho mérito poniendo su nombre en la presentación de la exposición, ni en el catálogo ni nada, sino hasta el final en la lista de colaboradores. Es una exposición inspirada en el libro del mismo nombre del filósofo francés Michel de Certeau. El caso es que junta obras viejísimas con modernas y contemporáneas, que van desde el siglo XVII hasta nuestros días. Pero no es una exposición cronológica, sino, yo diría, dialógica. Las pinturas antiguas juegan con fotografías modernas, dialogan con ellas, se miran entre sí, se sonríen, se sugieren unas a otras. Hay, además, instalación, fotografía, video, escultura, etc. La exposición intenta mostrar diversas maneras de interpretar lo cotidiano y cómo lo cotidiano puede ser contradictorio, pero a la vez integrarse en un mismo lugar. Como decía un griego: Soy humano y nada de lo humano me es ajeno. Muestra cómo toda la realidad es una interpretación de la misma, cómo hasta la naturaleza se puede ver como paisaje y como adorno. Muestra cómo es posible que todo coexista y que, aunque sea distinto, nunca lo es de manera radical. Muestra cómo la alteridad es mismidad, cómo es lo mismo un rapero que una indígena que un marine; cómo un sacerdote puede ser lo mismo que un cráneo amenazante, cómo el hambre puede representarse en un bodegón y en una instalación con un chicharrón, pero hay diferencias… Y aunque no quieran interpretar esta exposición de este modo, seguro les va a gustar por estar bien ‘loca’. Vayan a verla. Yo quiero ir otra vez, pero entre semana para poder fotografiarla sin gente.
Por último quiero contar que hoy fui a ver a Fernando Ortega en el MUCA. La última vez que yo fui al museo de mi universidad quedé super complacida por la exposición (creo que el título era simplemente Arte contemporáneo). Esta vez me quedé muy desanimada. La obra es muy interesante, Fernando Ortega muestra muchas maneras de hacer música, y la relega del ámbito exclusivamente humano. Sin embargo, parece como si los museógrafos la hubieran puesto con hueva, sin ganas. Dos de las obras ni siquiera estaban, aunque sí estaba su cédula técnica. El Volvo estaba estacionado de modo que no podías circularlo, siendo una pieza importante. El expacio era demasiado grande y no podías hacer interrelaciones entre las obras. La verdad es que varias obras si estaban, para ser honesta, lejos de mi comprensión, como el snorkel o la viga de madera. Otras me gustaron mucho más, como el andamio en el que te trepas y te hace sentir una gran inseguridad porque hasta cimbra, y al final hay una postal de la Quebrada en Acapulco. Otra que me gustó fue la de las diapositivas que se sincronizaron para presentar a destiempo una parte de una batería, como si ‘vieras’ la música que se está tocando, es decir, algo así como tarola-tumb-platillo, platillo-platillo, tarola, etc. En fin, creo que el lugar para presentar esa exposición no era el adecuado, se veía bastante raro. Me dio también tristeza porque no hay nada de gente, a pesar de que Fernando Ortega es famoso.
Hay muchas otras cosas que quiero ver, así que espero poder ver por lo menos otros dos museos esta semana. Ya les contaré.
