Tris ya va a la escuela

En otro post había ya contado los avatares que sufrí por encontrarle escuela a mi hijo. Finalmente encontré una que no es tan cara y llevan el dichoso método high scope, o por lo menos eso espero. Tengo sentimientos encontrados. Sé que es por su bien, sé que va a aprender cosas, sé que va a tener amigos, sé que va a empezar a hablar, sé que hasta le va a gustar después; pero todos esos “sé” no se sienten bien dentro de mí. Llego a mi casa y la veo triste, hasta siento feo ver sus juguetes alzados en lugar de estar regados por toda la casa. Todo es silencioso, hasta el clima está nublado y no entra luz. Sé que mi hijo está sufriendo, siento que él cree que ya no lo quiero porque lo mando a un lugar lejos de mí.

Todas las madres pasan por esto, ya lo sé, pero eso no le quita valor a la individualidad de mi sentimiento. Lo extraño y hasta me siento culpable de hacerlo sufrir. ¿Qué me pasa?

Miguel me dice diario todos los argumentos a favor, pero ni siquiera tiene que hacerlo, sé que eso es lo correcto. El problema es cuando lo correcto duele. Duele como cuando Tris nació y ya no lo tuve más dentro de mi pancita. Me imagino que siempre va a doler: cuando ya no venga a comer a la casa, cuando sea adolescente y se encierre en su cuarto,  cuando ya no se deje abrazar, cuando  vaya a la universidad, cuando se case… jaja… ahora entiendo por qué todas las mujeres sienten que las novias de sus hijos son unas lagartonas que se los quieren llevar lejos de ellas.

Tener un hijo es increíble. Sí te quita casi toda tu energía y tu tiempo, pero es como esculpir en mármol, poco a poquito; es dejar tu huella indeleble en otra persona para siempre; como decía Platón, es como volverte inmortal porque dejas atrás algo, la prueba de que existes.  Los niños están llenos de algo que nosotros perdimos, como que están más cerca del origen del mundo y por eso siempre lo ven con ojos limpios y nuevos. Todos los días te sorprenden, te dan esperanza porque te das cuenta que no todo está perdido, que la humanidad no puede ser tan terrible si todavía los niños sonríen y se divierten.

Yo no sabía que me gustaban los niños hasta que tuve a Tris, ni siquiera sabía si quería un hijo o no. La mayoría de los que no quieren es porque no saben todas las puertas que abren dentro de uno mismo. Un hijo saca lo mejor de ti, lo que no sabías que existía. Te hace valorar y poner atención al mundo. Utilizando las palabras de Heidegger, el mundo se abre más a menudo y se desvela… mundea.  Y eso es algo que siempre le agradeceré.

Comments (1)

Miguel CobáJanuary 15th, 2009 at 11:13 am

Pues yo me siento un poco igual, aunque por supuesto es mucho más sencillo para mi ya que debido al trabajo ya estoy acostumbrado a no estar con Tristán de tiempo completo. Debe ser mucho más difícil para ti, estoy seguro, puesto que siempre han estado juntos. Es como cuando decía que extraño a Tristán: vas extrañando los momentos que van pasando y que sabes que no serán iguales, quizá serán mejores, pero no por eso dejas de extrañar los que ya pasaron o los que sabes que pasarán.
En fin. Es difícil no sentir feo, pero, al igual que Tristán al quedarse detrás de esas puertas, debemos resistir.
Te amo.

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