Mi acercamiento a la magia náhuatl
Bueno pues, después de unas vacaciones riquísimas en Cancún donde, por cierto, pudimos ir a la boda de mi amiguita Mariana, nos fuimos a Tehuacán a pasar el año nuevo con la familia de Miguel. Sus tíos y sus abuelos no son precisamente de Tehuacán, sino de un pueblito como a dos horas que se llama Zoquitlán, también en Puebla, y Miguel siempre me hablaba de ese lugar con mucha nostalgia. Me contó cosas extrañas, como que a su abuelita una vez se le apareció un hombrecito diminuto que la llamaba y ella se pusó a rezar y desapareció. Me habló también de una bruja, una señora que los curaba desde siempre y que a él lo había visto algunas veces. El caso es que fuimos a Zoquitlán y que me lleva con la brujita. Yo me la imaginaba con los dientes chuecos y las uñas largas en una casa llena de gallinas muertas, pero no era nada de eso; era una señora cuya característica más prominente es su edad: se veía como de 100 años, estaba sentada en una silla de ruedas afuera de una tienda que vendía aguardiente con muchas cobijas encima porque le daba frío, no hablaba español y me miró con mucha dulzura. La tía de Miguel es la que habló con ella en un náhuatl perfecto y fluido, por lo que no entendí absolutamente nada. El caso es que me limpiaron con una botella transparente y sólo con verla a contraluz la señora supo qué es lo que yo tenía. A grandes rasgos me dijo que tenía un genio de la fregada… jaja! Y pues que me sorprende porque esa es precisamente la razón de la mayoría de mis problemas en la vida. Me dijo que por mi carácter tan fuerte a veces hago cosas que luego me causan mucha tristeza. Me dijo que yo tenía un niño (al cual no pudo haber visto porque estaba dormido en el coche) y que no comía carne de cerdo, lo cual es todo cierto. Sí me sorprendió, aunque yo creía que me iba a decir que estaba asustada por una camioneta negra (la cual casi me atropella un día antes) o que tengo un pendiente muy grande (o sea, mi tesis), pero me dijo de mi carácter. La verdad es que al principio fue mucho más por curiosidad que por otra cosa, pero luego me sentí muy mal, me sentí muy vulnerable, como si te volvieras tan transparente como esa botella y pudieran ver dentro de ti hasta lo más profundo. Terminé arrepintiéndome, y más porque no entendí nada de lo que dijo, sino que la tía de Miguel es la que después me dio un resumencito. Me dieron unos menjurges (¿así se escribe?) para beberme y que no me hagan daño los corajes, pero la verdad es que me saben a colilla de cigarro y me cuesta mucho trabajo tomármelos. Sigo intentando, aunque al principio desconfié porque no tengo idea de lo que tienen esas bebidas horribles, pero Miguel dice que cuando era chiquito era muy corajudo y le dieron eso mismo durante años, así que supongo que no me voy a morir y tengo una experiencia más que contar.

¡EEE! (VOCAL FELIZ sin h) =)
Yo también quiero conocer a la señora
jejeje…
ALINE! APENAS Y CREO LO QUE LEO AJAJAJA… QUÉ FUERTE
“me sentí muy vulnerable, como si te volvieras tan transparente como esa botella y pudieran ver dentro de ti hasta lo más profundo. Terminé arrepintiéndome, y más porque no entendí nada de lo que dijo…”
Cierto…