Fin del arte

Acabo de leer la noticia en el blog de Miguel sobre Gregor Schneider, el artista que está buscando a un enfermo desahuciado para dejarlo morir en un museo. Yo he dicho repetidamente que yo daría mi vida por el arte, pero evidentemente no es esto a lo que me refería. No puedo sino sentir la inminencia del fin del arte, y con ello, del mundo, del hombre. Menos mal que el tipo al que busca ya está desahuciado y no intenta matarlo él mismo como “arte”, lo cual no dudo que alguien intente dentro de poco y se encontrarán justificaciones racionales para ello, claro está. Desde luego que no soy nadie para decidir lo que es arte de lo que no, ni siquiera tengo las herramientas conceptuales necesarias para “entender” (o quizá la palabra sería “comprender”) muchas formas de arte, pero definitivamente es muy claro que si buscamos una experiencia estética ahí, en lo más terrible, en el horror, en lo más bajo, es porque algo perdimos irremediablemente en el camino, en el “progreso”. Esto rebasa por mucho a los artistas que hacen arte con excremento u orines, incluso con cuerpos sin vida. ¿Por qué lo bello ya no nos causa una experiencia estética? Ni siquiera digo que debemos ir del lado de la belleza, es decir, de lo “bonito”. A mí personalmente me gusta la belleza trágica, lo grotesco, lo terrible; pero a fin de cuentas arte. Qué lejos quedó la kalocagathìa griega. Es evidente que ya no hay verdad, ya no hay belleza, ya no hay bondad, ya no hay arte. Lo rompimos, lo estiramos hasta donde pudimos y en el intento se nos fue la humanidad misma. No recuerdo quién dijo que no todo es arte, pero todo puede ser arte. Pero si todo es arte, entonces ya nada es arte, ya no hay diferencia.

Somos un “ser para la muerte”, pero no a la manera de Heidegger, en quien sólo podemos vivir la propia muerte y ninguna otra. Lo que intenta este tipo es que vivamos la muerte de otro, pero no como muerte, sino como mera “visión”, es decir, como quitándole el velo de horror, el velo del miedo, de misterio. Romper el tabú de la muerte es verla desde fuera y ya no ser capaces de vivirla. Este hombre ya no es un hombre. Está interpelando nuestro concepto de humanidad misma, lo cual en sí mismo sigue siendo válido. Sí, lo que hace es válido, no lo niego, todo es válido en la posmodernidad, pero para mí no es arte. No es arte y no porque sea horrible, sino porque ya no es humano. Así de tajante.

Comments (1)

Miguel CobáApril 26th, 2008 at 5:41 pm

Estoy completamente de acuerdo contigo.
En el deseo de explorar nuestros límites, de investigar hasta dónde podemos llegar a fín de expresarnos, creo que hemos cruzado una barrera que no estaba señalada, que no tenía un aviso diciendo “hasta aqui te conviene llegar”. Es consecuencia de nuestra libertad. No hay nadie, humano o divino que nos advierta, que nos detenga. Somos nosotros mismos, individualmente y como humanidad los que nos gobernamos. Y aún sabiendo que en algún momento ibamos a cruzar este límite, decidimos seguir adelante, poner a prueba nuestra propia libertad aunque eso implicara arriesgar nuestra humanidad. Sólo hasta haberlo cruzado y vuelto nuestra mirada atrás nos dimos cuenta que estabamos del otro lado, que estabamos en otro lugar, extraño, sin pistas y sin consuelo alguno.
En este lugar no hay vuelta atrás, para bien o para mal.

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