Nietzsche en mi andar filosófico

Cuando entré a la facultad no era más que una niña insegura llena de prejuicios y de sueños. Mi filósofo favorito era entonces Nietzsche y… jajaja!!! Yo creí que era como “ruda” por leer a un tipo tan… ya saben… obscuro. Al menos eso pensaba yo. Pero en la facultad descubrí que yo era parte del 80% de los alumnos que lo amaban con fervor, y del mismo porcentaje que no lo habían leído lo suficiente para comprender su profundidad. Sin embargo, al mismo tiempo que caminaba por el camino socrático del reconocimiento de la propia IGNORANCIA (con mayúsculas, porque así de grande es), me dí cuenta de por qué estábamos ahí muchos de nosotros. Es, en verdad, una pena. Mi amiga Aleyda lo describió muy bien un día en un cafecito, parafraseando a Marcela Serrano: “La facultad de Filosofía es el albergue de las mujeres tristes.” Por eso ella se fue, pues era demasiado alegre para dejarse llevar. Me dio mucha risa entonces, pero era cierto, y sigue siéndolo: muchos de nosotros entramos a esa carrera en búsqueda de respuestas y sin ninguna pregunta, tratando de encontrarnos a nosotros mismos a través de otros. Estudiar filosofía era una especie de rebeldía, y entre más loco el filósofo, más fan te volvías. Pero aún así, en el fondo hay una pasión escondida. Lo que da tristeza es que, después de madurar un poquito, unos toman una actitud de iluminación, como si ellos – y sólo ellos – fueran capaces de pensar, como si nadie los igualara en conocimientos y eso los llena de arrogancia. Por eso me quedé sin amigos. Por mucho que lean a Nietzsche se olvidan de lo que él afirmó y afirmó: la vida. Esos son a los que precisamente hay que despreciar, según él. Ser filósofo no es ser asceta, bueno, eso lo saben todos, y tampoco es ser necesariamente hedonista; simplemente es preguntarse y apasionarse por la pregunta. Ser filósofo es buscar, no enseñorearse con respuestas. Al principio, al leer a Nietzsche, me deprimía, y eso aumentaba mi certeza de que el mundo estaba podrido. Pero después de leer El Nacimiento de la Tragedia, su primer libro, entendí qué era lo que él buscaba en el Übermensch: vida, pasión, regocijo, embriaguez de gozo; todo lo que trae consigo Dioniso. Nietzsche ya no es mi filósofo favorito, pero sí fue mi compañero y mentor durante muchos años de mi vida académica. Me enseñó optimismo y me mostró que uno no debe andar por sendas predeterminadas, hay que seguir buscando, hay que romper cuando llegue la hora y sea necesario. Eso si, romper no significa tirar a la basura. Aunque él odie a Platón, a Kant, al cristianismo, a Hegel, etc., hay que leerlos. Hay muchos prejuicios en filosofía con respecto a eso. Siempre hay que retornar a los filósofos, por mucha flojera que nos de… jaja! Siempre hay que seguir dialogando.

Algo más que me enseñó Nietzsche es que la filosofía puede ser bella. Así de sencillo como se oye. Pocos antes que él habían escrito con tal emoción, pasión y belleza. Es un filósofo poeta: “Nur narr, nur dichter”. Sólo Heráclito, Platón, Bataille y Zambrano han escrito tan hermoso, en mi opinión, aunque todos ellos de manera distinta. No es aburrido, ni presenta argumentos intrincados. Incluso muchas veces no presenta argumento alguno, sino que convence con la sola certeza de su poesía.
Por otro lado, a mi me hubiera gustado comenzar a estudiar filosofía con algún otro filósofo, quizá con María Zambrano o con algún griego. Sí, lo mejor es estudiar filosofía cronológicamente porque todos los filósofos – explícita o implícitamente – dialogan con los que estuvieron antes que ellos. Y aunque estoy convencida de que los griegos ya lo dijeron todo, hay que seguir interpretando, leyendo, escribiendo, pensando. Es una tarea interminable y enorme, pero apasionante.
Para terminar con este post, les voy a pasar un poema que me encanta:

Rima final

 

El reir es un arte muy serio,
mañana mejor aun debo hacerlo;
decidme: ¿lo hago bien ahora?
¿La chispa siempre del corazón viene?
Si la lumbre en el corazón no prende,
no sirve la cabeza a la broma.

Para los que odien traducir la poesía ahí les va en alemán: Schlussreim/ Eine ernste Kunst ist Lachen / Soll ich’s morgen besser machen, / Sagt mir: macht’ ich’s heute gut? / Kam der Funke stets vom Herzen? / Wenig taugt der Kopf zum Scherzen, / Glüht im Herzen nicht die Gluth.
Por supuesto, es un poema de Nietzsche.

Nietzsche by Munch

Comments (2)

Miguel CobáSeptember 19th, 2007 at 1:41 pm

Esto me gusta cada vez más. Leerte y escucharte siempre es un aprendizaje. Algo nuevo. Como un mundo dentro de una esfera de cristal, tan al alcance de la mano y al mismo tiempo tan lejano. Tu lo haces comprensible, alcanzable. Siempre he admirado eso de ti. La claridad con que expresas por escrito tus ideas y me haces entender y saborear tu pasión. Cada texto tuyo que he podido leer me ha dejado la misma impresión. Un vistazo a través de una ventana al mundo de la filosofía.
No dejes de hacer eso.

TalinaSeptember 25th, 2007 at 5:00 pm

Ahh, me encanta el poema…

creo que vas a ser mi tutora para entrar al mundo de la filosofia al cual he rondado mucho tiempo sin atreverme a entrar.

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